La gran minería legal se presenta como “responsable”, pero sus impactos son masivos, sistemáticos y muchas veces irreversibles:
– Deforestación a gran escala: miles de hectáreas arrasadas para abrir paso a megaproyectos.
– Contaminación de cuencas enteras: metales pesados como arsénico, plomo y mercurio en ríos y napas subterráneas.
– Desplazamiento de comunidades: despojo legalizado, con títulos y contratos que ignoran el consentimiento real.
– Captura del Estado: leyes hechas a medida, fiscalización débil, y beneficios tributarios que empobrecen al país.
– Conflictos sociales y represión: criminalización de la protesta, militarización de territorios, y muerte de líderes ambientales.
La minería informal, aunque caótica y peligrosa, opera en escalas mucho menores:
– Impacta zonas específicas, no ecosistemas completos.
– Suele ser subsistencia, no acumulación transnacional.
– Puede ser formalizada y regulada si hay voluntad política.
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¿Quién tiene más poder para hacer daño?
La gran minería tiene maquinaria, lobby, blindaje legal y respaldo internacional. La informalidad, en cambio, es síntoma de abandono estatal. Culparla de todo es funcional al modelo extractivo.
Fuente: Radio Disco Plus - Señal de Poder. (FB)
Fecha: 25 septiembre, 2025
