Fiscaliza y molesta: Las investigaciones de la regidora Silvia Hernández que sacuden al poder en San Miguel

Mientras el alcalde y su círculo más cercano impulsan una cuestionada solicitud de vacancia contra la primera regidora de San Miguel, Silvia Marile Hernández Mejía, lo que muchos desconocen —o prefieren ignorar— es que su verdadero «pecado» ha sido ejercer su rol fiscalizador con firmeza. Este artículo responde a quienes preguntan qué ha fiscalizado la regidora. La respuesta es clara: mucho, y con consecuencias.

1. El caso del rodillo accidentado

La regidora exigió explicaciones sobre un accidente que involucró a un rodillo compactador de propiedad municipal. No se trató de una simple curiosidad: pidió informes técnicos, detalles del siniestro, estado del equipo, ubicación actual, responsables y datos sobre los seguros involucrados. Su pregunta es simple pero potente: ¿quién cuida los bienes del pueblo?

2. Dietas indebidas: cuestionando pagos sin justificación

Otro de sus hallazgos apunta directamente a la rendición de cuentas: identificó el pago de una dieta a un regidor que no asistió a una sesión del concejo. La situación fue tan evidente que el propio regidor terminó ofreciendo la devolución del dinero. ¿Quién hubiera detectado este hecho si no fuera por la vigilancia de Silvia?

3. Conflicto de intereses con camioneta alquilada

Uno de los temas más sensibles involucra un presunto conflicto de intereses detectado tras una publicación en El Nuevo Diario. Según la información recabada, la municipalidad habría alquilado una camioneta vinculada al cuñado de una regidora oficialista. Silvia no se quedó callada: solicitó documentación, exigió explicaciones y pidió convocar una sesión extraordinaria para tratar el tema. Una fiscalización que apunta a la médula de la ética pública.

4. Sesiones sin notificación y una jugada con olor a trampa

Algunos de los ataques en su contra se justifican con supuestas inasistencias a sesiones. Pero Silvia ha revelado que no fue notificada formalmente de una de ellas, y que otra fue convocada como extraordinaria y ahora la presentan como ordinaria. No se trata de un simple error: es parte de una estrategia para forzar su vacancia, como si su salida fuera condición necesaria para mantener un sistema de impunidad.

5. Planillas alteradas: ¿Un error o una maniobra?

Tal vez lo más alarmante: la regidora ha denunciado que en la planilla de junio figura el nombre y DNI de otra persona como si hubiera cobrado su dieta. El dinero fue depositado a su cuenta, pero ¿por qué aparece otra identidad en los registros? ¿Qué clase de manejo administrativo permite semejante irregularidad?

Una regidora que cumple, aunque moleste

Silvia Hernández está demostrando que no basta con ocupar un cargo: hay que honrarlo. Cada carta enviada, cada pedido de informe, cada señalamiento ha sido una piedra en el zapato para una gestión que prefiere el silencio cómplice a la transparencia. Su lucha no es personal; es institucional. Representa la resistencia frente al uso arbitrario del poder, al amiguismo y al clientelismo que corroe las bases del municipio.

Por eso quieren sacarla. No por ausentarse de sesiones, sino por asistir a la verdad.

Mientras algunos en el concejo prefieren mirar hacia otro lado, Silvia fiscaliza. Mientras otros se acomodan, ella incomoda. Y mientras la maquinaria oficialista inventa pretextos para silenciarla, su voz sigue sonando como lo que es: un eco incómodo de la conciencia pública.


 

FUENTE: La Redacciónn Cajamarca (FB)

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