Proyecto minero «La Colorada» en microcuenca Huacamarcanga mientras Santiago de Chuco guarda silencio

El proyecto La Colorada, en la provincia de Santiago de Chuco (La Libertad), a cargo de la empresa Minsur S.A. –inicialmente asociado con Newmont–, busca explorar oro y plata en una zona altamente sensible desde el punto de vista ambiental. Sin embargo, la iniciativa enfrenta un fuerte rechazo social debido al riesgo que representa para la cuenca Huacamarcanga, principal fuente de agua para consumo humano, agricultura y ganadería para la capital de la provincia santiaguina.

La población teme que las actividades de exploración comprometan este recurso vital, mientras que algunas organizaciones sociales y comunales han manifestado su rechazo a la presencia de la minera. No obstante, el avance del proyecto también se ve favorecido por el silencio cómplice de autoridades y dirigentes locales. En la comunidad de Cahuidhe, por ejemplo, se señala que algunos de sus líderes han optado por callar supuestamente a cambio de beneficios laborales temporales, enviando de manera rotativa a personas como supuestos cuidadores o trabajadores vinculados al proyecto, sin considerar el impacto en la población que depende directamente de la microcuenca.

El actual alcalde de Santiago de Chuco, Víctor Luján Chero, tampoco ha fijado una posición clara, mientras que su antecesor, Juan Gabriel Alipio, hoy recorre caseríos con un despliegue de vehículos en campaña para intentar una tercera reelección, sin pronunciarse frente a la amenaza ambiental que representa «La Colorada». La pregunta que surge entre los pobladores es evidente: ¿por qué el silencio?, ¿de dónde proviene la logística y el financiamiento que sostienen a estos políticos?, ¿acaso pesan más los intereses económicos que la defensa del agua que abastece a más de 10 mil habitantes de la ciudad y a cientos de usuarios de canales de riego?

El problema se agrava al considerar que el canal Vicente Jiménez y la laguna Negra, fuentes de abastecimiento hídrico, ya arrastran aguas turbias con presunta presencia de metales pesados y otras suciedades detectadas años atrás, sin que ninguna autoridad haya tomado acciones serias para garantizar un agua limpia y segura. Ante ello, la llegada de una empresa minera sobre la microcuenca Huacamarcanga añade un riesgo mayor que podría afectar a toda la provincia.

A este silencio también se suma la pasividad de las rondas campesinas, que en otros tiempos encabezaron luchas contra la minería y hoy parecen haber bajado la voz. Dirigentes como Paulino Zavala, de la comunidad campesina de Cahuidhe, o el eterno exdirigente rondero Hildo Esquivel, entre otros, mantienen una actitud de complacencia y evasión. Antiguamente levantaban un discurso antiminero en defensa del agua, pero ahora sus posturas parecen desdibujadas, como si el tiempo y las conveniencias políticas hubieran borrado su compromiso con la causa ambiental. Muchos pobladores no dudan en señalar que ahora “comen del mismo plato” junto a autoridades y políticos vinculados a presuntos actos de corrupción.

La empresa a cargo del proyecto es Minsur S.A., una de las principales mineras del país, cuestionada en otras regiones por impactos ambientales y sociales en comunidades cercanas a sus operaciones. En Santiago de Chuco, su presencia genera aún más desconfianza porque, lejos de cumplir con los estándares de la llamada “minería responsable”, la compañía ha optado por eludir el diálogo con la población del área de influencia directa, evitando socializar temas ambientales, laborales y sociales que marcarán el futuro de la provincia. Para muchos, este comportamiento refleja un patrón ya conocido: mientras en países desarrollados existen controles rigurosos que obligan a las mineras a cumplir con las normas, en el Perú se aprovechan de la debilidad de las leyes y de la corrupción de autoridades para imponer proyectos a cualquier costo, repitiendo la historia del saqueo y la contaminación disfrazada de inversión.

En Santiago de Chuco, más que ocuparse en disputas por la mala administración de los recursos de la Junta de Usuarios, es urgente mirar con responsabilidad el futuro de la ciudad y de sus comunidades. El agua no es un recurso renovable ni reemplazable: es vida, y proteger la cuenca Huacamarcanga es proteger a Santiago de Chuco. El silencio de hoy, de autoridades, dirigentes y rondas campesinas, puede convertirse en la tragedia de mañana.

Fuente: El Poder De La Prensa (FB)

Fecha: 25 agosto, 2025

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